Directivos de éxito que acaban mal -

Directivos de éxito que acaban mal

Oriol Amat, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universitat Pompeu Fabra y Director del Máster en Dirección Financiera y Contable, nos acerca varios casos de directivos de éxito que fracasan y va a analizar por qué.

No es fácil tener éxito. Los que lo consiguen, llegan después de muchos años de esfuerzo y trabajo bien hecho. Y los que consiguen que el éxito se mantenga se caracterizan por seguir con humildad y apostando por todas las prácticas que les han permitido cumplir los objetivos que se habían propuesto. Esto significa apostar por las personas, el talento, la excelencia, la innovación, etc.

Pero entre los directivos de éxito, hay una parte que termina mal como consecuencia de malas prácticas, o incluso fraudes. Podemos recordar algunos casos de personas que fueron galardonadas como empresarios del año o premios similares; y que poco después se descubrió que habían cometido delitos importantes:

 

  • Ken Lay, Presidente de Enron, fue nombrado empresario del año por la Asociación de Antiguos Alumnos de la Stanford Business School unos años antes de la quiebra de Enron.
  • Calisto Tanzi, Presidente de Parmalat recibió los galardones de Cavaliere del Lavoro in 1984 y Cavaliere di Gran Croce Ordine al Merito de la República Italiana por parte del Presidente Giorgio Napolitano, poco antes de la quiebra de la empresa.
  • Richard Fuld, Presidente de Lehman Brothers fue empresario del año en EEUU unos años antes de la quiebra del banco.

 

En casos como los mencionados, hay un patrón que se repite:

 

  • Al principio el directivo consigue el éxito con mucho esfuerzo.
  • Poco después es un directivo muy reconocido que recibe todo tipo de elogios y galardones.
  • Son personas con tendencia al egocentrismo y al exceso de exposición a los medios de comunicación.
  • Muchos políticos quieren estar cerca de ellos (y viceversa).
  • El éxito los emborracha.
  • Exceso de diversificación y de adquisiciones de otras empresas que son ruinosas.
  • Cuando aparecen los primeros resultados negativos, en lugar de reconocerlo y tomar medidas, se opta por hacer fraudes contables.
  • Aumenta la operativa con paraísos fiscales y el directivo roba dinero.
  • Aumentan las pérdidas y el endeudamiento.
  • Miembros del Consejo venden sus acciones antes de que se desplomen.
  • Estalla el escándalo a raíz de la confesión de algún empleado o al suspender los pagos de la deuda.
  • Proceso judicial que termina con la cárcel y multas.

 

Al final muchos de estos directivos quedan en el olvido, aunque algunos de ellos vuelven a repetir sus fechorías. En otros países, sobre todo en Estados Unidos, algunos de estos directivos han renacido como conferenciantes de temas relacionados, curiosamente, con la ética.

Para acabar, podemos recordar que, como se dice a menudo, el mejor negocio es ser honrado.

 

En el siguiente artículo de Oriol Amat puedes conocer más sobre “Estrategias empresariales para generar valor en tiempos de crisis“.

Oriol Amat

Economista. Catedràtic d'Economia Financera i Comptabilitat de la Universitat Pompeu Fabra y professor a la UPF Barcelona School of Management.

2 Comentarios

  1. Maravilloso análisis de las malas praxis y las buenas, con la guinda de la honradez. Felicidades

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